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Paseo por el Medievo


 Paseo de Ronda


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     PASEO DE RONDA

 

 

           Nuestro camino, al igual que lo fuera en el primer paseo, comienza en la Plaza Mayor para en esta ocasión dirigirnos a la Puebla del Valle, hoy Barrios Bajos, una de las muchas pueblas o suburbios que se fueron estableciendo a lo largo de la Edad Media entorno a la primera muralla. Cuesta de Balborraz

          Nos dejamos caer por la cuesta de una de las calles más pintorescas de la ciudad, la de Balborraz, que en árabe significa Puerta del Cabezudo. Este lugar fue tanto asentamiento de árabes como de judíos. Al finalizar la cuesta y a la izquierda, accedemos a San Leonardo, vendida tras la desamortización de Mendizábal y utilizada hasta hace poco como carbonería, sufre un deterioro importante que llega al estado ruinoso de nuestros días. Según el historiador Fernández Duro, la puerta estaba flanqueada por dos esculturas de leones en piedra, hoy desaparecidas, encontrándose una de ellas en el Metropolitan Museum de Nueva York.

        A escasos metros, comparten cielo la extraordinaria Santa María de la Horta  con la chimenea de la antigua fábrica de vinos. De estilo románico con influencia de gótico primitivo, ya en 1236 reza como casa madre de los Caballeros Hospitalarios. Abandonamos el ágora de la Horta para, por la calle Paternóster, descubrir el templo de Santo Tomé, en la plaza de su mismo nombre. De esta iglesia se poseen las pruebas documentales más antiguas de la capital, datando de 1128. En su interior custodia los capiteles, posiblemente, más atractivos del románico zamorano. Desde julio de 2012, alberga las instalaciones del Museo Diocesano de Zamora.

          Su cercanía al río, nos invita a refrescarnos en el murmullo del Duero paseando por los caminos fluviales Vistas desde el Puente de Hierroque recorren las dos orillas que abrazan al torrente a su paso por la ciudad. Por aquí podemos acercarnos hasta el Puente de Hierro, ingeniería de finales del siglo XIX, el cual podemos transitarlo para contemplar desde este mirador singular, el paisaje que ofrece el Duero, domesticado por el viejo Puente de Piedra y, como testigo, la Catedral al fondo. En la otra orilla y por debajo del Puente de la Vía se accede a las Aceñas de Pinilla, barrio que le da nombre. En la actualidad sus piedras han dejado la molienda para convertirse en escenario culinario.

          Volvemos sobre nuestros pasos dispuestos a recorrer por fuera el tercer recinto amurallado, a través de la Ronda de Puerta Nueva, donde la tradición señala que por este lugar entraron las tropas francesas en la capital.

          Una vez pasada la muralla, accedemos por la avenida de Portugal a La Farola, centro neurálgico de la ciudad. En la calle peatonal de Santa Clara, una de las más comerciales y dinámicas, se abren grandes plazas como la de Castila y León donde está instalado el edificio de Hacienda, de corte modernista y funcional. Pero la plaza que más nos va a conquistar es la de Santiago, por encontrarse allí el templo de Santiago del BurgoSantiago del Burgo, la única románica que conserva su original planta rectangular de tres naves y en la que su ménsula pinjante embriaga los sentidos de todo el que se para a contemplarla.

          Atravesamos la plaza de la Constitución, dejando a un lado el edificio de la Subdelegación del Gobierno, para adentrarnos en el bullicio y colorido que ofrece el Mercado de Abastos, edificio de principios de siglo de atractivo estilo, en especial sus fachadas enfrentadas con huecos acristalados en forma de semicírculo, que le aportan toda su singularidad.

          Salimos del edificio del mercado por su cara sur para encontrarnos con otra perla del siglo XVI, San Andrés, construida sobre una iglesia románica en la que sus dos enormes perpiaños sostienen una espléndida armadura morisca. Junto a la iglesia se halla el edificio del Seminario Conciliar de San Atilano.

          De regreso a la Plaza de la Constitución, y después de bordear Santiago de Burgo, atravesamos la calle de San Torcuato para dirigirnos a San Esteban, ubicada en la plaza de su mismo nombre. Románica de la segunda mitad del siglo XII, destacan las arquivoltas de su portada meridional, descansando sobre impostas zamoranas sustentadas en columnas de capiteles con motivos vegetales.

          De nuevo en la calle de San Palacio de los MomosTorcuato, avanzamos hacia la Plaza Mayor pero no sin antes pararnos en uno de los edificios civiles más guarnecidos, el Palacio de los Momos, ejemplo de gótico civil y en el que en su interior se hallan las dependencias de los Juzgados.

          Entramos en la Plaza de Sagasta rodeada por edificios de comienzos del siglo XX y puerta del tiempo al pasado. A la derecha, por un acceso angosto, se nos abre otra plaza, la del Fresco y, en lo alto, la torre de San Vicente de estilo románico. En su interior custodia un magnífico Cristo del siglo XVI, el de la Buena Muerte, de gran devoción por los Zamoranos.

          Tras atravesar la plaza del Fresco, retornamos a la Plaza Mayor por su ángulo nordeste, teniendo por testigo al guerrero Pero Mato en lo alto de la torre de San Juan de Puerta Nueva.

 

 

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