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Sotillo de Sanabria.

Cascada y Laguna de Sotillo, bosque autóctono, arroyos y torrenteras,  arquitectura popular.

Cualquier estación es buena aunque recomendable en primavera.

Sotillo de Sanabria.

Bien trazado y marcado con balizas durante todo el recorrido.
La laguna de Sotillo es apta para el baño. En Sotillo de Sanabria no hay tiendas ni bar

 

 

 

          La cascada de Sotillo constituye uno de los rincones más emblemáticos del entorno sanabrés; su belleza paisajística junto con la fácil accesibilidad la han convertido en una de las rutas más visitadas del parque.

          Para acceder a ella dejaremos el vehículo en Sotillo de Sanabria, localidad de apenas 118 vecinos y distante del Puente de Sanabria a tan solo 6 km. En fechas vacacionales será difícil estacionar en el pueblo por la gran afluencia de visitantes, en ese caso lo podremos hacer, previo pequeño pago, en un prado habilitado para ello, tomando la calle principal dirección sur bajando hacia el río.

          Tras cruzar por un puente, el arroyo de las Truchas, comienza el ascenso por camino señalizado con balizas de madera pintadas de amarillo. En época de lluvias el primer tramo puede estar con algo de agua por lo que, aunque esto no supone problema pues se puede salvar por el numeroso empedrado, conviene llevar buen calzado.

          Poco a poco se va ganando altura por la ladera del valle del Truchas a la sombra de uno de los mejores bosques del Parque: Robles, abedules, castaños, avellanos y acebos nos resguardarán de los rayos solares durante todo el trayecto, salpicados por los numerosos regatos de agua cristalina que serpentean valle abajo y amenizados por el multicolor canto de los pájaros. Sin darnos cuenta, bajo el mismo encanto, un giro a la izquierda nos traslada al valle del Arroyo Pingón, origen de las Casacadas de Sotillo. Tras coronar la pendiente, oiremos el estruendo del agua en su caída al vacío desde 20 metros de altura; iniciaremos entonces un corto pero fuerte descenso al final del cual habremos llegado a las Cascadas. Habrá transcurrido aproximadamente una hora y media desde que abandonamos el pueblo, habiendo salvado un desnivel de 300 metros.

          Desde este lugar, un mirador en la roca nos ofrece el impresionante salto de agua proveniente, aguas arriba, de la laguna de Sotillo a 1600 metros de altitud. En época de deshielo la caída del agua se realiza por dos vertientes, reduciéndose a una en periodo estival. En invierno, la formación de prominentes estalactitas y la congelación de los helechos que cuelgan de las paredes crean un escenario extraordinario.

          Después de reponer fuerzas en este bello entorno, retornamos sobre nuestros pasos para, en apenas 350 metros, tomar un sendero a la derecha, bien señalizado, que nos conduce montaña arriba a la Laguna de Sotillo.

          En el primer tramo las rampas se acentúan bajo un frondoso robledal. El camino asciende al amparo del arroyo Pingón, donde pequeñas torrenteras dibujan saltos caprichosos entre los verdes helechos que hacen el delirio de nuestros sentidos. A medida que ganamos altura, se abren miradores desde donde poder contemplar la serranía. Un puente de cuento salva el Arroyo, mientras la altitud se impone y la arboleda cede a la retama, al brezo y al enebro rastrero, protagonizando el paisaje e inundando de color y fragancia el entorno.

          El valle comienza abrirse en una extensa pradera donde al Pingón se le une el cristalino Cabriteño. No es de extrañar encontrar en estos ricos pastos rebaños de vacunos, fundamento de la economía de la zona.

          Será necesario un último esfuerzo por la ladera de la derecha para alcanzar nuestro objetivo. Con sus 130.106 metros cuadrados de superficie, dominando la planicie, a 1600 metros de altitud, se extiende soberbia la laguna más grande de todo el Parque Natural, la de Sotillo. Para su mayor aprovechamiento, un dique de hormigón regula sus aguas antes de dar vida al Pingón.

          En época primaveral, el intenso colorido de la retama y el brezo hacen de este entorno uno de los más bellos del Parque, con la particularidad, además, de poder contemplar la posibilidad de refrescarnos en sus aguas perfectamente aptas para el baño.

          El regreso al pueblo lo haremos por una senda, señalizada con un indicador, que nace al Sureste de la Laguna; un bosque de helechos sale a nuestro encuentro mientras que la pradería se cierra a la par que la pendiente se acentúa a nuestro favor.

          El sendero de balizas se introduce en un bosque de ribera donde el sombrío y la humedad se apodera del ambiente; numerosos cauces corretean por la ladera antes de desembocar en el arroyo de las Truchas. Tras atravesar el bosque, llegamos a un amplio valle donde, a nuestra izquierda, el Truchas se encamina hacia el pueblo de Sotillo. Volviendo la vista atrás contemplamos el circo que forman las estribaciones del Ramiscoso y del Alto de los Fitos

          La senda, que hasta aquí hemos traído, se convierte en camino ancho y claro trabajado en la ladera; a poca distancia, nos situamos frente a las Cascadas de Sotillo descubriendo una visión excepcional de toda su caída y del valle del arroyo de las Truchas.

          Apenas dista media hora para alcanzar el pueblo de Sotillo de Sanabria; la arboleda de ribera va dando paso a los nogales y robles ocultando bajo su sombra el camino. A la entrada del pueblo un castaño de enormes proporciones nos da la bienvenida.

 

 

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