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Ribadelago Nuevo.

Laguna de Carros, Cañada Sanabresa, miradores naturales del Lago de Sanabria y de la serranía que lo circunda, bosque autóctono de La Besada.

Cualquier estación es buena aunque recomendable en primavera.

Camping Los Robles (Galende)

Cañada y camino bien trazado a excepción de la bajada desde Carros hasta Ribadelago que se hace por camino tortuoso con firme empedrado.
La laguna de Carros no es apta para el baño. No hay agua potable en todo el trayecto.

 

 

 

          Esta es una ruta sencilla que aprovecha un tramo de la Cañada Sanabresa para, además de disfrutar de la laguna de Carros, ofrecer unas perspectivas excepcionales del Lago de Sanabria y de los picos más emblemáticos que la circundan. Gran parte del recorrido se hace al amparo de la cálida sombra que proporcionan los numerosos robledales que allí se encuentran, a excepción del trayecto de la Cañada que discurre por el collado.

          Comenzamos nuestra andadura frente a la entrada del Camping los Robles, en el estacionamiento situado en el margen izquierdo de la carretera que va desde el Puente de Sanabria a Ribadelago; un indicador nos advierte del sendero que debemos tomar. Lentamente, al resguardo de robles y fresnos, vamos ganando altitud. A media altura, un banco improvisado, bajo un pequeño pinar, invita al descanso mientras, en el horizonte, las crestas de la serranía custodian el gran mar de agua dulce.

          En apenas 100 metros abandonamos el camino para enlazar con la tradicional Cañada Sanabresa, vía pecuaria que aún hoy se sigue utilizando para la trashumancia desde el pueblo de Quintana hasta las fértiles praderas del embalse de Puente Porto; durante este tramo solo podremos resguardarnos de los rayos solares gracias a un grupo de pinos silvestres que encontramos a la izquierda de nuestra marcha. En primavera, un manto de brezo, retama, helechos, servales y rosales silvestres inundan de colorido las tierras altas.

          La Cañada avanza por el cordal ofreciendo extraordinarias vistas de las dos vertientes; en más de una ocasión nos veremos impulsados a detener nuestra marcha para contemplar, a nuestra derecha, la majestuosidad del Gran Lago.

          Deberemos superar algunos repechos para alcanzar la planicie y abandonar la cañada dirección Oeste por la vaguada que se abre ante nosotros. Nos adentramos bajo la atenta mirada del Pico Bubela que dejamos a nuestra izquierda; en la misma ladera, un pinar ofrece su sombra y frente a él la Laguna de Carros, a 1.340 metros de altitud, nos da la bienvenida.

          Condenada desde hace años a la colmatación, esta gran balsa de agua turbosa solo muestra su verdadera condición en los meses invernales; durante el estío llega incluso a desaparecer bajo un manto verde del que solo el croar de las ranas nos percata de su existencia.

          No debemos abandonar este pequeño valle sin antes contemplar una de las más bellas estampas de Sanabria. Pocos metros después de haber superado la Laguna, cruzamos un débil regato que nos sirve de referencia para abandonar el sendero e iniciar una leve subida por la ladera, aprovechando las trochas que dejan los animales; a mitad de trayecto se habrá ganado suficiente altura como para que el horizonte se abra y nos permita contemplar el Lago de Sanabria custodiado por las cumbres más emblemáticas de las Sierras Cabrera y Segundera; una vista excepcional.

          De regreso a la senda, abandonamos el valle tras cruzar un robledal; a escasos metros nos topamos con hitos de madera marcados en amarillo. Hemos enlazado con la ruta que une la laguna de Sotillo con el pueblo de Ribadelago Nuevo, escasos 2 Km. nos separa de esta población. Nuestro nuevo camino, ahora bien señalizado, atraviesa una espléndida pradera, al final de la cual, a la derecha, arranca una senda sombría donde el frescor gobierna el ambiente, apenas los rayos solares penetran en este magnífico bosque de robles, serbales, avellanos y acebos. Es el monte conocido como La Besada. Los helechos lucen todo su verdor mientras el agua corretea por el empedrado, entre tanto, varios ejemplares de robles centenarios salen a nuestro encuentro. Tras vuelta y revuelta en prolongada pendiente, sin posible pérdida, llegamos a Ribadelago Nuevo.

 

 

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